Es una mujer de fácil sonrisa, con buen humor y que mantiene la esperanza, aunque a veces la desesperanza sale a flote. Su mirada y sus manos también hablan a la par con su voz. Se llama Ana Belén Tovar y desde hace cinco años y seis meses atraviesa por un injusto proceso cuando la detuvieron el 19 de noviembre de 2019 durante un allanamiento en la empresa Venmedios, donde tenía el cargo de gerente de operaciones.
Cinco meses después la excarcelaron, pero desde entonces cumple régimen de presentación ante los tribunales por los delitos: revelación indebida de data, obstrucción a la justicia y asociación para delinquir.

—¿Cómo estás?
—¡Bien! (risas)
—¿Qué ha pasado en los últimos cinco años?
—Podría contarte muchas cosas (suspira). Mi proceso judicial todavía sigue y no por ser pesimista, pero creo que esto es para largo. Son cinco años y ya es bastante. Todo lo recuerdo como si fuera ayer y por eso me pregunto: ¿será que me acostumbro a esto? Tengo miedo a acostumbrarme a este proceso y es lo que no quiero. Como dicen quienes me acompañan en esto: ‘todo va a estar bien’ y de eso me agarro.
Un proceso judicial que la llevó a perder dos empleos
Ana Belén cuenta que este proceso afectó no solo su vida personal, sino también su vida laboral. Perdió dos empleos, ambos por las reiteradas solicitudes de permiso para presentarse ante los tribunales. Hasta hace poco trabajó en un call center donde recibía tratos déspotas por parte de su jefe, pero se mantuvo en su cargo como coordinadora porque necesitaba el ingreso mensual no solo para mantener su hogar sino costear los insumos que requiere su mamá, quien sufrió un accidente cerebro vascular (ACV) hace un año y necesita constantemente insumos para su cuidado diario.
En una semana llegó tres veces tarde a su lugar de trabajo: un día martes le tocó presentarse, pero el tribunal no trabajó y la mandaron a acudir al día siguiente. El miércoles va y la difieren para el viernes. Esas tres faltas en una semana le generaron un desgaste físico y mental que le impidió llegar con puntualidad a su lugar de trabajo el día sábado (10 minutos de retraso) y esa fue la razón por la cual le finalizaron el contrato laboral.

Tras el despido de este último empleo dejó de recibir 120 dólares quincenales.
Ante esta situación, Ana Belén y su hija Valeria se volvieron a dividir las prioridades en el hogar: mientras una trabaja, la otra cuida a la mamá. “Las altas y bajas de mi mamá son fuertes. Son muchas cosas ahora: medicamentos, pañales, para los traslados hay que pagar taxi”, dice.
“Le estamos dando tiempo al tiempo, porque creemos en eso de que Dios aprieta, pero no ahorca. En algún momento a mí me saldrá algo (de trabajo)”, agrega con ilusión.
Ana Belén sueña con volver a trabajar, con ver a su mamá sana o darle una mejor calidad de vida. “Quisiera trabajar para tener una casota, que Valeria tenga lo que quiera y estudie lo que quiera porque no ha podido continuar. “Se nos complicó mucho la cuestión, pero el tiempo de Dios es perfecto y, como vaya viniendo, vamos viendo”, expresa con una sonrisa.
Su hija, su bastón
—¿Cómo está la salud? ¿Cómo te cuidas?
—No me cuido (risas). Soy hipertensa. Me refugio en mi almohada, porque el gran bastón que era mi hermana ya no está y el bastoncito que tengo no la voy a llenar con mis problemas y justamente la necesito a ella paradita. Yo me acuesto y pienso, pero también puedo drenar llorando.
—¿Qué significa tu hija en este contexto?
Cuando Ana Belén habla de su hija Valeria se le ilumina la mirada, es su cable a tierra.
—Es mi bastón. Sin ella no me veo.
Pero a la par recuerda a su hermana, quien falleció en diciembre de 2019. “A veces creo que el proceso con mi hermana en la casa hubiese sido mejor, pero nos tocó esto. Por algo pasan las cosas”, dice.
Cuenta que el empleo donde estuvo veinte años de su vida no le permitió ver crecer a su hija y quien disfrutó esa etapa fue la abuela, quien estuvo a cargo de su crianza junto a la tía. “Me dije que esto, en este momento, es para conocer a Valeria”.
Madre e hija no hablan del proceso judicial por el que atraviesa Ana Belén. Para ellas no es un tema de conversación.
A propósito de su relación laboral de dos décadas con la empresa Venmedios, en donde se encargaba de digitalizar las notas informativas, Ana Belén indica que no ha tenido contacto con quien era su jefe, pero sí en algunas oportunidades con un hermano de él quien le recomienda montar una empresa de monitoreo (digital), pero ella dice que no tiene el tiempo ni los recursos para ello.

—¿En qué se diferencia la Ana Belén de 2020 a la Ana Belén de 2025?
—Los miedos ya no los tengo. Estoy más pilas. Quizás cuando veo muchas motos de marchas oficialistas me generan angustia, pero lo que sí aseguro es que estoy más pilas porque tengo unos abogados buenísimos (risas) y me dan mucho apoyo.
—¿Qué ha pasado con tu caso? ¿Qué ha sido de distinto entre 2020 y 2025?
—Antes me presentaba una vez al mes, pero ahora como estoy en juicio voy cada quince días. Mi juicio comenzó hace meses.
En este punto, hace una pausa y comenta que la primera audiencia de juicio la vivió como se ve en las películas. “Siempre le busco el lado positivo a las cosas”, agrega.
—¿Hay algún aprendizaje en Ana Belén en todo este proceso?
Se queda pensativa y responde:
— Ahora estoy muy alerta, desconfiada. Cuando estuve detenida, éramos 18 mujeres en un cuarto y yo siempre decía que las cosas pasan y hay que aprender algo. ¿Qué aprendí de esto? Conviví con 18 mujeres de diferentes edades y caracteres. Ahora soy muy selectiva.
Hasta la fecha, Ana Belén lleva 15 audiencias de juicios que comenzaron el 5 de septiembre de 2024. La última se llevó a cabo el 7 de abril de este año. Su caso sigue igual, sin avances, un proceso injusto lleno de irregularidades, por una acusación de una publicación que no hizo, y que de haberla hecho no implica delito alguno: la republicación textual de una noticia internacional.
La investigación contra Ana Belén Tovar inició con una detención arbitraria el 2 de noviembre de 2019, cuando funcionarios de la Dirección de Contrainteligencia Militar (DGCIM) la buscaron en su casa y la mantuvieron detenida por 30 horas aproximadamente con la excusa de un interrogatorio. 17 días después inicia su calvario por trabajar en la difusión de información de interés público.
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