El doblete sísmico resgistrado en Venezuela el pasado 24 de junio dejó una tragedia palpable a la vista: destrucción, fallecidos, desaparecidos y miles de damnificados. A la par, hay otra que no es visible, pero que igual afecta internamente a la ciudadanía, pues deja un rastro de duelo y de tristeza, de culpa y, en algunos casos, de reproche.
Estos sentimientos no son ajenos a los trabajadores de la prensa que cubren en el terreno y desde la las oficinas las secuelas de los terremotos. Estar al frente de testimonios como el de una mamá que ha perdido a sus hijos, de un niño rescatado debajo de los escombros, de una abuela que reclama la pérdida de los cadáveres de sus familiares; de imágenes de devastación, de cuerpos descompuestos o amputados, esto no es fácil digerir.
Sobre este último punto, la psicóloga Melanie Pocaterra, especialista en Intervención de Crisis, ofreció, este miércoles 15 de julio, un taller virtual a periodistas sobre Autocuidado para cubrir un país en emergencia. En el espacio que duró una hora y 25 minutos, y que se convirtió en un encuentro para acomapñar, Pocaterra resaltó que el gran reto es cuidarse cuando se cubren noticias de dolor porque las noticias se acompañan de imágenes, historias y, además, porque pueden estar inmersos familiares y amigos como afectados en primera línea. “Es trauma sobre trauma, crisis sobre crisis” porque en el caso del doble terremoto afectó con severidad por segunda vez a La Guaira en los últimos 27 años.
“Lo retador de estas tres semanas es que se repite, volvemos a encontrar historias desde ahí de La Guaira y que nos hace preguntar por qué este mismo espacio”, expresó ante el foro que se dieron cita 16 periodistas de distintas regiones del país. Además, resaltó que un evento de esta naturaleza “nos cambian la manera del día a día y la manera de sentirnos y pensar porque a la vez se vuelve más fuerte y colectivo”, dijo.
No obstante, comentó que este doble terremoto no todos lo vivieron de la misma manera y que cada quien tiene su propia historia y herramientas, pero que como personas debemos tener autocompasión e inclusive pedir ayuda profesional para no tener toda la carga emocional consigo mismos.
La crisis tiene un principio y un final
La especialista explicó que toda crisis tiene un inicio y un fin y que desde el tercer día del evento crítico hasta el día 30 ocurran cosas en cuanto a pensamiento y comportamiento, pero que en el caso del doblete sísmico aún no termina porque todavía hay zonas vulnerables y aparecen otras caras de la crisis que atraviesan los más afectados que necesitan ayuda en todos los sentidos.
En el caso de los periodistas que les toca cubrir este tipo de emergencias, Pocaterra comentó que en medio de la coyuntura es normal que afloren los cuestionamientos, los pensamientos intrusivos, las pesadillas, los nervios, las taquicardias, vértigos, mareos, problemas para conciliar el sueño, perder el apetito o comer de más.
Para este tipo de situaciones, la especialista recomendó que se deben retomar los espacios donde los periodistas puedan sentirse mejor, por ejemplo: tomar un té y hasta establecer un cierre de la jornada laboral para el merecido descanso que puede ser viendo una serie, leyendo algunas páginas de un libro, desconectarse, porque de lo contrario se corre el riesgo de enfermarse y “ser un paciente más”.
Pocaterra también resaltó la fase del duelo, el cual definió como un proceso natural y no patológico que no requiere medicación, pero sí la compasión y autocompasión de quien lo transita. En el caso de este doble terremoto, hay un duelo colectivo como país, pero también duelos individuales por las distintas pérdidas que sufrieron miles de personas en La Guaira, Caracas y otras regiones de Venezuela.
Revisar la batería biológica antes de trabajar
Para la especialista en intervención de crisis son necesarios tres puntos clave:
- Reconocer: aceptar lo que ocurrió y que también puede incluir agradecimiento.
- Conocer: buscar información de lo que pasa y entender.
- Conectar: se vincula con ayudar, sobre todo el apoyo hacia la comunidad.
Además, también recomendó a los periodistas que antes de iniciar la jornada laboral, es importante que hagan un monitoreo de la “batería biológica”, es decir, revisar el cuerpo, alimentación, hidratación, el café (o té); durante la jornada hacer pausas de hasta 20 segundos (o poner alarmas para detenerse un rato, respirar y continuar), chequear nuevamente el cuerpo y tener “un ancla” que, al final del día, se pueda llegar ahí: una conversación con alguien, pasar de ser periodistas a ser personas con una vida individual (mamá, papá, etc).
“Cuidarse ustedes es la garantía de poder seguir mañana porque el descanso y autocuidado implica que no nos quememos”, aseguró y que en el caso de conciliar el sueño se puede establecer una cuarentena digital: hacer pausa una hora antes de dormir para que el cerebro entienda que entró en “modo calma” y que el peligro no está presente y que a su vez el sueño sea reparador.
¿Cómo reconocer si estamos en un proceso de angustia severa o depresión?
Ante esta interrogante, la especialista indicó que el miedo en esta fase es normal, pero que si paraliza a la persona y no le permite llevar a cabo su cotidianidad e incapacita, recomienda la búsqueda de ayuda individual para la revisión del miedo porque no solo es el evento del doble terremoto, sino también de hechos anteriores tanto colectivos como individuales.
“Si cualquiera de ustedes siente que el miedo o la tristeza intensa los nubla y los desregula sin la posibilidad de regresar al inicio, es un indicador que se necesitan herramientas extras porque la sobrecarga es grande. Son señales de alerta”, aseguró y dio paso a escuchar el resto de las inquietudes de los periodistas y ofrecerle sus recomendaciones.
Este taller forma parte de la jornada de formación mensual que lleva Espacio Público para periodistas.
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