Icono del sitio Espacio Público

Para cubrir noticias en tiempos de crisis, primero hay que cuidarse

Foto: Lenys Martínez

El doblete sísmico registrado en Venezuela el miércoles 24 de junio dejó una tragedia visible: destrucción, muertes, desapariciones y miles de familias damnificadas. Sin embargo, existe otra secuela que no se ve a simple vista, pero que cala hondo en las personas: un rastro invisible de duelo, culpa, profunda tristeza y, a menudo, de impotencia.

Este impacto emocional no es ajeno a los trabajadores de la prensa. Ya sea reportando desde el terreno o coordinando la cobertura desde las redacciones, los y las periodistas también sostienen el peso de la catástrofe.

Escuchar a una madre que ha perdido a sus hijos, presenciar el rescate de un niño bajo los escombros o registrar la angustia de una abuela que busca a sus seres queridos, no son tareas sencillas. Enfrentarse cara a cara con la devastación y el dolor extremo es una carga difícil de digerir que inevitablemente deja huellas en quien la narra.

Para abordar esta realidad, la psicóloga Melanie Pocaterra, especialista en Intervención de Crisis, facilitó el taller virtual Autocuidado para cubrir un país en emergencia, un espacio formativo organizado por la ONG Espacio Público para periodistas de varias regiones de Venezuela.

“Crisis sobre crisis”: el reto de informar en el epicentro del dolor

Durante el encuentro, Pocaterra resaltó que cuidarse en este contexto es un desafío monumental. No solo se trata de procesar noticias dolorosas en formatos multimedia, sino que, en muchas ocasiones, los propios comunicadores tienen a familiares y amigos en la primera línea de los afectados.

“Es trauma sobre trauma, crisis sobre crisis. El doble terremoto afectó con severidad, por segunda vez, a La Guaira en los últimos 27 años“, detalló la especialista.

Para el grupo de 16 periodistas que se dio cita en el foro, revivir este escenario reabrió heridas históricas. “Lo retador de estas semanas es que se repite la tragedia. Volvemos a encontrar historias que nos hacen preguntarnos por qué en este mismo espacio”, expresó Pocaterra. Además, enfatizó que un evento de esta magnitud altera por completo nuestra cotidianidad, nuestra forma de sentir y de pensar, convirtiéndose en un proceso de asimilación colectivo.

No obstante, la psicóloga recordó que cada persona vive el impacto de manera única, dependiendo de sus herramientas emocionales. En este sentido, hizo un llamado clave: practicar la autocompasión y no dudar en buscar ayuda profesional para evitar cargar con todo el peso del dolor en solitario.

Toda crisis tiene un principio y un final

La especialista explicó que cualquier evento crítico tiene un ciclo de vida. Desde el tercer día del suceso hasta el día 30, es completamente normal experimentar cambios en el pensamiento y el comportamiento.

“En el caso del doblete sísmico, este suceso aún no termina porque todavía hay zonas vulnerables y aparecen otras caras de la crisis que atraviesan los más afectados“, advirtió.

Al poner el foco en los periodistas en primera línea, Pocaterra señaló que es natural que en medio de la cobertura afloren síntomas como:

Para contrarrestar estos efectos, la experta recomendó construir pequeños “oasis” de normalidad. Esto implica retomar rutinas sencillas que aporten bienestar —como disfrutar de un té en silencio— y, sobre todo, establecer un cierre claro de la jornada laboral. Desconectarse al final del día para ver una serie o leer un libro no es un lujo, es una necesidad biológica. De lo contrario, se corre el riesgo de enfermar y “convertirse en un paciente más”.

Asimismo, recordó que el duelo es un proceso natural y no una patología que deba medicarse de inmediato. Requiere tiempo, compasión y el reconocimiento de que hoy Venezuela transita tanto un duelo colectivo como miles de duelos individuales en La Guaira, Caracas y otras regiones afectadas.

El chequeo diario: revisar la “batería biológica” antes de salir a reportar

Para los profesionales de la comunicación que se enfrentan a la emergencia, la especialista propone un método de tres pasos fundamentales:

Además, recomendó a los comunicadores hacer un monitoreo constante de su “batería biológica” antes de iniciar la pauta: revisar cómo se siente el cuerpo, si se han alimentado e hidratado bien.

Durante la jornada, sugirió hacer pausas breves de apenas 20 segundos (incluso usando alarmas en el teléfono) para detenerse, respirar profundo y volver a chequear el cuerpo. Al finalizar el día, es vital contar con “un ancla“: una conversación con un ser querido o una actividad que permita colgar el carnet de periodista y volver a conectar con la faceta humana e individual (ser madre, padre, amigo o simplemente uno mismo).

“Cuidarse es la garantía de poder seguir mañana; el descanso y el autocuidado evitan que nos quememos“, aseguró Pocaterra.

Para garantizar un sueño verdaderamente reparador, recomendó aplicar una “cuarentena digital“: apagar las pantallas e interrumpir el flujo de información una hora antes de dormir. Esto le indica al cerebro que ha entrado en un espacio seguro y en “modo calma”.

¿Cómo saber si necesitamos ayuda profesional?

El miedo ante un desastre natural es una respuesta completamente normal y adaptativa. Sin embargo, la psicóloga advirtió que existen señales de alerta que no deben ignorarse:

“Si el miedo los paraliza, les impide llevar a cabo su cotidianidad o los incapacita, es momento de buscar ayuda individual”, explicó. Añadió que estas catástrofes suelen remover traumas o eventos difíciles del pasado, tanto personales como colectivos.

“Si sienten que el miedo o la tristeza intensa los nubla, los desregula y no logran regresar a su centro, es un indicador de que necesitan herramientas extra. La sobrecarga es grande y esas son señales de alerta”, concluyó la especialista en este encuentro, el cual forma parte de las jornadas de formación mensual que Espacio Público ofrece para el fortalecimiento y cuidado de los y las periodistas venezolanos.

Salir de la versión móvil