Carlos Julio Rojas: un periodista que no se doblega ante la injusticia

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Carlos Julio Rojas es un periodista venezolano y con una destacada labor como activista social. Por hacer su trabajo y alzar la voz por los menos favorecidos, el Gobierno lo detuvo en dos ocasiones: en 2017 y luego en 2024.

El 10 de julio de 2017 ocurrió la primera detención. Permaneció 45 días en la cárcel militar de Ramo Verde, en la ciudad de Los Teques en el estado Miranda. Luego de ese tiempo, lo excarcelaron con medidas cautelares, entre esas, régimen de presentación cada 30 días.

La segunda aprehensión resultó más larga: un año y nueve meses. La noche del 15 de abril de 2024 cuando transitaba con su esposa por el sector La Candelaria, en Caracas, varios sujetos con capucha se lo llevaron y 48 horas después lo presentaron ante tribunales. Su excarcelación llegó la mañana del miércoles 14 de enero de 2026 junto a otro grupo de periodistas y trabajadores de la prensa.

Ninguna de las dos detenciones doblegó su fuerza y lucha por sus ideales, su trabajo como periodista y activista social. Es un hombre que habla desde la gratitud hacia quienes se sumaron para alcanzar su “libertad a medias”, porque nuevamente tiene medidas cautelares: régimen de presentación cada 30 días y prohibición de salir de Venezuela.

Un hombre terco

Carlos Julio se considera un hombre ingenuo, pero también muy terco. Resaltó que durante su tiempo en la cárcel entendió que su terquedad lo impulsó a no aceptar injusticias y a no quedarse callado. “Esa terquedad y orgullo me hacen ir hacia adelante” aseguró.

No tiene miedo en hablar sobre lo que vivió en prisión, pero tampoco desmaya para continuar adelante con sus proyectos, sueños, ideales y, en especial, al lado de su esposa Francys Fernández, a quien considera su heroína, bastión e inspiración.

 “Para mí, reflejar lo que ocurre y darle voz a quien no tiene voz lo siento desde que era un chamito. Mi mamá era defensora de derechos humanos y dirigente de izquierda. Me tocó en los años noventa vivir todos esos procesos con mi mamá defendiendo los derechos humanos y declarando ante los medios de comunicación”, recordó con una sonrisa.

A Carlos Julio se le ilumina la mirada al evocar varios momentos de su infancia que marcaron, sin saber, su camino por el activismo. “Tenía unos diez años, estaba en cuarto grado y mi mamá era la asesora jurídica de un sindicato. Me fui con ella a trancar la calle en la avenida Urdaneta porque tenían malos salarios (risas)”, dijo y agregó que su madre le dio dos cosas importantes: la vida y sus ideales.

Luego, en su etapa de bachillerato, se le despertó la real pasión por el periodismo, específicamente en la fuente deportiva, la cual considera actualmente que es su sueño frustrado. Su pilar principal en la carrera fue el periodista Luis Manuel Fernández, quien se destacó por su labor, pero que lamentablemente murió en el año 1.999.

“Yo comencé a estudiar Comunicación Social porque quería ser un periodista deportivo como Luis Manuel. Él me inspiró desde niño”, expresó con orgullo un Carlos Julio quien se considera un ferviente fanático del béisbol y el fútbol.

No lo tiene claro aún, pero no descarta alternar su activismo de la defensa de los derechos humanos con el periodismo deportivo.

Enamorado de Francys

Le brillan los ojos cuando habla de Francys, su esposa, una mujer que desde el día 1 de la detención de Carlos Julio nunca dejó de denunciar las injusticias y violaciones al debido proceso que sufrió su pareja.

“Ella es mi heroína. Tiene un carácter muy fuerte y, aunque yo soy una persona muy difícil por la maleta que traigo, nos enamoramos. Ella pudo haberse ido del país, pudo haberse callado, pero no lo hizo. Francys es la mujer más importante en mi vida y deseo que sea la madre de mis hijos. Es una heroína de guerra, mi motor e inspiración”, expresó.

Para finalizar, Carlos Julio siente orgullo por ella. “¡Te amo, te amo con locura! Eres mi defensora”, le confesó mientras la tomó por las manos.

La historia de detenciones e intimidaciones hacia Carlos Julio Rojas durante los últimos años son acciones que no deben repetirse con ningún periodista, con ningún trabajador de la prensa, ni con cualquier venezolano. La defensa de derechos humanos y el ejercicio de los derechos civiles y políticos están resguardados en cualquier sistema democrático, la persecución por exigir mejoras y alzar la voz contra las injusticias nunca es un delito.

Las detenciones arbitrarias, hostigamientos y ataques hacen mella, no solo en las víctimas, sino también en sus familiares y dejan consecuencias para continuar con una vida normal, entre esas, unas medidas cautelares, restricciones que mantienen vigente la violación de derechos humanos y son un recordatorio de la injusta prisión.

Foto: cortesía

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