Periodismo bajo asedio: testimonios post 28 de julio de 2024

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El periodismo en Venezuela ha sido una profesión cuyo riesgo ha aumentado  en los últimos 20 años, pero tras las elecciones del 28 de julio de 2024 y la toma de posesión de Nicolás Maduro el 10 de enero de 2025, la situación ha sumado múltiples obstáculos para poder mantener informada a la población.

La censura, el hostigamiento y la persecución han redefinido la forma en la que se ejerce la labor periodística. La falta de publicación de resultados de las elecciones presidenciales por parte del Consejo Nacional Electoral (CNE), contrastó con la iniciativa de la oposición de hacer públicos los datos recopilados en las actas emitidas por las máquinas de votación.

 Esto marcó el inicio de una oleada represiva, dirigida tanto a periodistas que hicieron coberturas e informaron, como a la ciudadanía que intentó denunciar el fraude a través de las redes sociales o participando en manifestaciones pacíficas de calle.

El miedo como mecanismo de censura y control

Las restricciones contra periodistas y la ciudadanía se intensificaron después de la toma de posesión de Nicolás Maduro en 2025. La represión silenció a múltiples voces a través de detenciones arbitrarias y el recrudecimiento de la censura en radio, televisión y medios digitales, lo que impuso un clima de miedo. 

La ciudadanía dejó de expresarse libremente en redes sociales después de las detenciones arbitrarias ejecutadas por cuerpos de seguridad del Estado en la llamada “operación Tun-Tun” y a personas que circulaban cerca de las protestas. Muchos trabajadores de los medios dejaron de cubrir temas sensibles para evitar represalias mientras las y los periodistas sortean dificultades para poder informar.

Desde las elecciones, el ejercicio periodístico ha cambiado. Carla*, periodista, relata que extraña “salir a la calle, entrevistar a la gente y contar historias”. Jorge*, trabajador de un medio digital, ha reducido la cobertura de política y sucesos; es una consecuencia de la represión, que ha impactado la cobertura informativa y ha fortalecido la autocensura.

“Extraño que las fuentes no tenían que pedir permiso. Extraño que podía llegar a la morgue y me daban la información de los accidentes del fin semana, extraño que podía entrevistar a los funcionarios públicos y que me respondieran, extraño que pudiera entrar a las instituciones públicas sin problemas, extraño hacer periodismo de verdad”, afirma. 

Sofía* señala que el acceso a fuentes cada vez es más difícil: “Extraño poder cultivar las fuentes con tranquilidad, poder levantar el teléfono y tener una fuente confiable que me pueda hablar de cualquier cosa, sin miedo”. La desconfianza y la persecución han afectado la recopilación de información.

Testimonios como estos se multiplican en los grupos de periodistas, Ana comenta: “Actualmente, es demasiado complejo encontrar siquiera alguien que esté dispuesto a declarar sin temor a lo que pueda ocurrir, que se publiquen sus declaraciones. Entonces creo que lo que más extraño es la libertad de poder contar  lo que se tenía que contar, sin que las fuentes a las que tú consultaste te pidan ser anónimas o tengan miedo, o no atiendan el teléfono”.

El impacto de la represión

Las familias de periodistas viven con preocupación, el contexto ha hecho que la protección se extienda a los más queridos pues, en ocasiones, fuerzas del Estado detienen a pareja y a hijos de quienes persiguen, haciéndoles víctimas de la misma persecución. Ana* explica: “Mi familia lo lleva con mucha preocupación porque yo sigo haciendo periodismo de alguna manera, no el periodismo que quisiera, para el que me preparé, sino el periodismo que puedo, el periodismo que se me permite y me genera el menor riesgo posible”. 

Esto suma momentos de tensión a su entorno por la atención que reciben los periodistas que no siguen la línea del gobierno: “hay mucho estrés, mucha preocupación. De hecho la última vez  que salí, mi esposo estaba molesto, al punto de casi bloquearme la puerta (…) él sabe que hubiese brincado la ventana. Viven con mucha preocupación y mucho estrés, mi mamá a cada rato pregunta ‘¿dónde estás?’, pero bueno, Dios y la virgen siempre”.

La presión afecta el día a día y suma trabas a la labor de las y los trabajadores de los medios, que saben que deben cuidar en extremo lo que dicen y hacen. Ana lo dice claramente: “Sé que tengo que cuidarme, no soy infalible, estoy en una lista  porque ya me lo advirtieron y no me puedo tampoco arriesgar. No dejo de hacer las preguntas que tengo que hacer, pero ahora pienso dos veces, tengo que hacerlo porque, como quien dice, andamos con una espada de Damocles”.

Por otro lado, la vigilancia estatal ha obligado a extremar las medidas de seguridad, por lo que activar mecanismos de seguridad digital ha sido imperativo para la ciudadanía en general y más aún para quienes trabajan en los medios. “Tengo dos teléfonos: uno para lo personal y otro para el trabajo”, dice Sofía*. “Borro mensajes y bloqueo contactos regularmente”, agrega. Otro periodista explica que en el día a día las medidas de seguridad son constantes: “Uso VPN, redes privadas y contraseñas seguras”.

En el 2024 registramos 28 detenciones a causa de expresiones en redes sociales: en promedio dos al mes y 24 de las víctimas fueron particulares. El ritmo continúa en el 2025, al 15 de marzo suman 3 detenciones arbitrarias por posts en estos espacios. “Nos persiguen por informar”, advierte Ana*. La censura digital limita el derecho a la información.

Un entorno de alto riesgo para el periodismo

El 10 de enero, durante la toma de posesión de Maduro, se reforzó la represión. “No usamos identificaciones de prensa por seguridad”, relata Sofía*. La presencia de cuerpos de seguridad generó temor. “Sabíamos que podíamos ser detenidos”, señala.

Días antes, y el mismo 10 de enero que marca un hito en la historia de cualquier país, el ambiente estuvo signado por el miedo a la cobertura mediática. Jorge nos cuenta: “Cuando la última convocatoria del 10 de enero, casi nadie salió a las coberturas, por miedo, incluso hubo colegas, corresponsales nacionales, que prefirieron no estar en la ciudad, algunos se fueron a la playa. Esos días se vivieron con mucho miedo, con temor, con mucha autocensura”.

Ahora, las y los periodistas reducen la cobertura de temas sensibles, lo hacen como una práctica de seguridad y como para tener cierta garantía de no estar en el ojo del poder; por otra parte, han cuidado más la visibilidad de su trabajo y el acceso a su información privada, ante las constantes revisiones de funcionarios públicos que obligan a eliminar el material o incluso terminan en detenciones arbitrarias

Ana explica: “Tengo algunas personas bloqueadas de mis redes sociales y de mis cuentas de WhatsApp. He tratado de tener medidas de seguridad súper complejas para las claves de las redes sociales de mi teléfono. Guardo mis fotografías en espacios seguros, si estoy en una pauta, mando cosas a medida que voy tomando. Inmediatamente voy borrando para que nada se quede en el teléfono. Las medidas de seguridad que tomo son muchas y más fuertes e importantes, más que las que pude haber tomado hace 10 años”.

Sofía también ha diversificado y aumentado sus métodos de seguridad: “Soy más precavida, ya tenía algunos temas de seguridad, pero los he extremado desde las elecciones, desde julio, y específicamente desde que recibimos amenazas yo y otras colegas. He cambiado muchísimo desde el 10 de enero, me pasó algo personal, (…) nos pusieron como operadoras de la derecha facista, y estamos en una lista”.

Temas silenciados: aquí no se habla mal de…

Los últimos años hemos registrado las llamadas de presión a medios de comunicación para que eviten dar cobertura a cierta fuentes, en su mayoría relacionadas con líderes de oposición, crisis de salud y economía. Además, las y los periodistas se cuidan de publicar información, datos o investigaciones que revelen hechos de corrupción relacionados con el gobierno, así como prácticas contrarias a la Constitución Nacional y a la protección de los Derechos fundamentales. 

Uno de los periodistas consultados para esta nota, explica: “tengo testimonios de familiares de los presos políticos, unos antes de las elecciones y otros después de las elecciones, y ahí los tengo guardados para cuando pueda hacerlos públicos. Quisiera cubrir otras cosas (…) La fuente política que a mi me gusta, la contraloría social, ya sabe uno que no lo puede hacer porque es muy sensible”.

Continúa sumando temas relacionados con la contraloría social y el acceso a la información pública, que son derechos consagrados en la Constitución de interés para el periodsimo y, sin embargo, no pueden tocarse por el miedo a represalias: “¿Por qué se usaron unos fondos para unas cosas y no para otras, en donde está esa plata? ¿Por qué siguen los hospitales como están cuando supuestamente bajaron los recursos? ¿Y por qué quienes deberían trabajar por la ciudad andan en tremendos carros y tremendas casas? ¿Cómo hacen para adquirir esos bienes? ¿Por qué no pagan los salarios? ¿Por qué los maestros viven como viven? ¿Por qué no hay agua, luz, por qué no hay tantas cosas?”

Sofía cuenta: “En cuanto a los temas que quisiera cubrir y no lo hago, tengo pendiente una nota sobre el psicoterror infundado desde los organismos policiales en las redes sociales y no lo he hecho por miedo a que la publicación pueda generar un problema para el medio en el que trabajo y para mi misma; pero en general trato como de sobreponer esos miedos y encontrar los mecanismos, las maneras y los enfoques para publicar las cosas que se deben publicar”.

Parte de estas estrategias han sido el uso de seudónimos, publicaciones en conjunto entre varios medios de comunicación, o el uso de la firma del medio de comunicación en vez de la autoría de las o los periodistas. Ana nos explica: “Yo no he dejado de cubrir nada, (…) he hecho un esfuerzo por mantener la cobertura de mis fuentes de comunidad y política que son mis fuentes originales, sin embargo, es verdad que he dejado de consultar a personas o alejado algunas fuentes que tenía como naturales, se han alejado de mí por miedo a lo que yo pueda publicar y se vean afectados”.

Por su lado, Jorge narra: “He bajado el tema político, he ido poco a poco sobre todo la fuente de política. Bueno la fuente de sucesos más nunca en la vida, y la política pues me auto censuro, prefiero no entrevistar a ningún político, de verdad. (…) en cuanto a mis colegas, siento que unos están más comprometidos que otros, hay unos que corren más riesgo. Por supuesto creo que hay de todo, pero en general hay un miedo colectivo del gremio periodístico a hacer coberturas que puedan representar un peligro y siempre los que estamos en pautas complicadas son los mismos”.

El futuro del periodismo en Venezuela

La represión busca silenciar la información. “Censura, desesperanza e incertidumbre”, así describe Carla* la situación actual. La libertad de prensa enfrenta constantes amenazas; sin embargo, el gremio periodístico continúa sorteando obstáculos para tratar de mantener a la ciudadanía informada, superando el miedo.

Los medios digitales y los perfiles de redes sociales siguen siendo una importante vía de información ante la censura en canales de televisión y emisoras en todo el país. “Buscamos formas seguras de seguir informando”, dice Jorge*. La resistencia es clave para mantener el derecho a la información. “A pesar del miedo, seguimos contando lo que ocurre”, concluye Ana*.

El ejercicio periodístico en Venezuela sigue bajo ataque. La persecución, la censura y el miedo buscan acallar voces. Sin embargo, la lucha por la verdad continúa en medio de la adversidad.

Periodistas, ¡seguimos con ustedes!

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