Cleive Solórzano: casi un año detenido por difundir un video en TikTok

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Cleive Solórzano (38), panadero de oficio, está detenido desde el 12 de noviembre de 2025 en la sede del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) ubicada en la avenida Urdaneta, en Caracas, por difundir un video en la red social TikTok. Desde entonces, la vida le cambió a él y a su familia. Es esposo y padre de cinco hijos, tres de ellos fruto de su matrimonio con Deysi Rodríguez.

Deysi contó que todo empezó cuando Cleive acudió ese 12 de noviembre al Palacio de Justicia. Para esa fecha su hermano, quien está detenido por un presunto homicidio, tenía audiencia de presentación. “Era la única manera de verlo, porque pasó mucho tiempo en desaparición forzada. No obstante, la jueza que llevaba ese caso, Katherine Espinoza, decidió que Solórzano debía ser detenido por ‘incitación al odio’ tras ‘ofender al Estado’ por un material audiovisual que rodó en la red TikToK”.

La jueza atribuyó a Solórzano la responsabilidad del video, el cual contiene la foto de su hermano junto a uno de sus hijos y la voz de un joven que clama al Gobierno por la libertad de su padre. “Mi esposo no hizo el video, sino otro familiar. En ese video se le pide ayuda al Gobierno y también se denuncia la desaparición forzada del hermano de mi esposo”, aclaró a la organización Espacio Público.

Tras intentar ver a su hermano en la audiencia, Cleive terminó preso. Dos días después, el 14, lo presentaron ante tribunales, luego el 3 de febrero de 2026 se hizo la audiencia preliminar; mientras la apertura de juicio la pautaron para el 30 de abril de este mismo año. Sin embargo, se difirió porque la boleta de traslado jamás llegó al Tribunal 14 de Juicio.

Cleive tiene depresión y miedo

Deysi hace pausas cortas cuando narra la situación que atraviesan como familia. Desde hace casi un año va al Cicpc todas las mañanas, de lunes a domingo, a llevarle sus tres comidas. Dice que es el soporte emocional de Cleive para que no pierda las esperanzas, pero también la columna que sostiene a toda su familia.

Esta realidad evidencia cómo el encarcelamiento de su esposo opera como una sanción vicaria e indirecta sobre ella, pues carga con la responsabilidad de sostener la vida tanto dentro como fuera de la cárcel: asume la carga laboral, la doméstica y la gestión de la privación de libertad.

“Desde que su hermano está privado de libertad, mi esposo se hizo cargo de su hermano porque la esposa lo abandonó, lo perdió todo. Cleive sufre de depresión y tiene mucho miedo de perder a su familia, teme pasar por lo mismo que le sucedió a su hermano. Le digo que conmigo no pasará, de mi parte no pienso hacer eso”, relató.

Foto: Lenys Martínez | Espacio Público

Deysi y Cleive son padres de tres varones: Diego (14 años), Williams (8 años) y Mateo (7 años). Sin embargo, Diego tiene una cardiopatía delicada con la que luchan desde que él tenía tres años de edad. Hace poco estuvo hospitalizado y, actualmente, está de reposo mientras cumple con sus actividades escolares.

Cuando ocurrió la detención de Cleive, los hijos de la pareja se quedaban solos; así que la mamá de Deysi tuvo que renunciar al trabajo para apoyarla, sobre todo por la condición de salud del adolescente.

Esta sobrecarga feminizada del cuidado configura una forma de violencia estructural e institucional, pues el Estado transfiere a la mujer el costo financiero, logístico y emocional del mantenimiento del privado de libertad (alimentación, medicinas, encomiendas, trámites).

Un papá que solo quiere regresar a casa

Cleive y Deysi son de Carapita, parroquia Antímano, en Caracas. Cerca de su vivienda, está la empresa panificadora donde trabajó Cleive y ahora, en su lugar, está Deysi.

“El que era jefe de mi esposo me permitió trabajar ahí. Empaqueto, limpio, horneo, hago de todo un poquito. Es una panificadora donde se hace pan para perrocalenteros. ¡Gracias a Dios lo poquito que gano, me alcanza!”, expresó.

Pese a la situación, mantiene la fe y la esperanza. “Espero que regrese pronto, aunque a veces quisiera agarrar un día y llorar, gritar, pero aguanto por mis hijos”, confesó. A esta situación se suma el hecho de que los dos niños más pequeños no ven a su papá tras los terremotos del 24 de junio de 2026 porque la sede del Cicpc sufrió fracturas y no permiten el ingreso de niños. El mayor, Diego, sí ha podido verlo.

Pide la libertad de su esposo

Las consecuencias de esta sobrecarga se reflejan directamente en su salud e integridad: “No puedo estar sin él, no aguanto. No tengo ayuda de nadie, ni siquiera de la familia de él. Solo de Dios y es a quien le pido que no me falte nada para que él esté bien, que no me falte para darle de comer a mis hijos. No me dejo caer, pero no tengo a mi esposo, y a veces no desayuno ni almuerzo, sino cuando llego en la noche es que como algo”, dijo.

Deysi define a Cleive como “un gran esposo y un gran papá que siempre está pendiente de sus hijos en todo”. Además, cuenta que él le escribe cartas y se las entrega cuando le lleva sus alimentos. Le dice siempre que la ama, pero que también tiene miedo.

Ahora, solo pide la libertad plena de su esposo. Pide a las autoridades venezolanas se pongan una mano en el corazón y terminen esta pesadilla para la familia Solórzano-Rodríguez. La próxima audiencia de juicio de Cleive está pautada para el miércoles 21 de octubre de 2026.

La Constotución Nacional y el derecho internacional de los derechos humanos protegen la difusión de opiniones, denuncias o contenidos en redes sociales, la difusión e videos y exigencias al Estado no son un delito, sino un derecho.

Exigimos libertad plena para Solórzano, que su expediente judicial sea cerrado. La anulación total del caso le permitirá reintegrarse a su vida personal y laboral y pone fin al impacto desproporcionado que esta detención ha infligido sobre el bienestar de su familia.

Foto: cortesía Deysi Rodríguez

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