¿Quién es Carlos Correa?

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Carlos Correa, uno de los defensores de derechos humanos más destacados de la Venezuela actual, enfocado en la defensa y promoción de la libertad de expresión. Está desaparecido forzozamente desde el 7 de enero de 2025, cuando fue interceptado por cinco sujetos vestidos de negros y encapuchados, funcionarios estatales.

Desde ese momento las voces exigiendo su liberación y preocupados por su integridad física no han faltado, dentro y fuera del país. Eso habla de su trabajo, de quién es y del reconocimiento que ha gestado en más de 30 años de labor en la defensa de uno de los pilares de la democracia: que podamos decir, buscar y recibir información y opiniones libremente. 

Carlos Correa es un periodista egresado de la Universidad Católica Andrés Bello, UCAB. Desde el año 1988 se ha dedicado a los medios de comunicación, a la docencia, y a su emprendimiento social, materializado en la fundación de la Organización No Gubernamental (ONG) Espacio Público, que ya tiene 22 años del lado de la gente y documentando denuncias de violaciones a la libertad de expresión. Además, Correa es miembro del Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea), del que llegó a ser Coordinador General.

Es a Espacio Público donde los periodistas acuden muchas veces cuando son censurados, amenazados, o golpeados. Según estas mismas víctimas, la labor de Correa es algo invaluable y digno de admirar, pues consideran que es un trabajo “necesario y justo” que va a rendir frutos en muchos años, pero que es preciso que en la actualidad se haga. 

Carlos se ha vuelto un protector además para todos aquellos con quien trabaja y ha trabajado, su solidaridad incansable se puede resumir en una frase que repite cuando se le plantea una situación compleja o alguna dificultad que no sabemos manejar: “ya lo vamos a resolver”. Carlos es un excelente orador, sencillo y claro; pero, sobre todo, es una persona dada a escuchar y a sumar.

Carlos Correa | Venezuela | Defensor de derechos humanosEn 2015, convencido de la necesidad de fortalecer el tejido social y ofrecer información de calidad para todas las personas, salió al ruedo con Cronica.Uno, un medio digital que dirige con ética e imparcialidad y con un equipo comprometido con el periodismo con perspectiva de derechos humanos.

Carlos tiene padres migrantes españoles, salió de su casa materna en Puerto La Cruz, con miras a alcanzar el desarrollo educativo en Caracas, donde llegó a estudiar en la Escuela de Ingeniería de la Universidad Católica Andrés Bello. Pero, ahí “había muy poco espacio para el desarrollo humanístico”. Por eso la decisión de estudiar Comunicación Social en la misma universidad; y desde el segundo año de la carrera comenzó a trabajar como voluntario en la emisora Radio Fe y Alegría.

Una vez graduado en 1989, la formación académica de Correa continuó en la Universidad de La Laguna (Tenerife, España), donde estudió un doctorado en Ciencias de la Información, en el año 1993 egresó de esta casa de estudios, donde se graduó con honores, “Cum Laude”.

Fue en el año 2001 cuando comenzó a instruirse en Derechos Humanos. Pero eso de defender a los demás lo practica desde muy joven, porque siempre, salvo en cuarto año de bachillerato, fue delegado de curso. 

Su hoja de vida laboral y académica es nutrida y lo hace recorrer mundos. Aún así su personalidad es sencilla, cercana, amable, solidaria y dispuesta a tender una mano a sus amigos, colegas, y a quien lo necesite. Su whisky y su habano los deja para el fin de semana.

Carlos Correa junto a otros defensores de derechos humanos Espacio Público

“Carlos, el del caminar pingüineado, es varios hombres a la vez. Es el menor de cinco hermanos, es el periodista que se enamoró de los derechos humanos, es el profesor, el que se destaca en la cocina, el que no cambia por nada a Mabel, el que compra libros repetidos sin saber, el que ha desperdiciado unos cuántos viajes a París, un venezolano incansable”, se lee en la tesis de grado: Carlos Correa: el periodista defensor. 

La entrevista de personalidad de la que extraemos las citas de este texto, fue escrita por el comunicador Harold Álvarez, en 2016, quien formó parte del equipo del Programa de Medios y Responsabilidad Social de Espacio Público. Así impacta coincidir en el trabajo con Carlos Correa.

Cuando anda por los pasillos de la oficina siempre busca romper el hielo con una broma. También con anécdotas, o con frases que vincula con alguna situación que esté ocurriendo; es común que diga que era un niño de la calle, lo que puede aplicar en su caso, no de manera literal, sino porque creció en la dinámica de la calle y eso lo hizo ser muy independiente, hasta para los asuntos culinarios.

La cocina para él es como un templo. Es su mundo paralelo y lo ha demostrado con cada plato suculento que prepara en cualquier momento del año para sus compañeros de trabajo. Un ceviche, un pan, un postre, una bebida, cochinilla pibil, con cualquier cosa sabrosa llega a la oficina sin importar el día del año o la apretada agenda que tenga. Para quienes le interesan esas cosas, podríamos decir que el lenguaje del amor de Carlos son actos de servicio. 

Con Carlos se puede hablar de cómo conservar las conchas de las verduras, de cómo marinar una carne o de platos foráneos, con la misma sencillez y el mismo tono agradable e intelectual con el que tocamos temas deportivos, políticos, económicos, de moda, amorosos, sociales. 

Con él siempre hay una reflexión, un contexto, un antecedente, un escenario probable, un consejo y al final la resiliencia: seguimos, eso siempre dice. Frente a las adversidades, hay que seguir, una convicción en él, que ha hecho un mandato en quienes lo acompañamos.

Carlos Correa en rueda de prensa Espacio PúblicoEn la entrevista de personalidad, sentencia: “Ser defensor de derechos humanos es una posibilidad de generar un servicio. Hay que asumir los desafíos que tenemos delante con buen humor, y por eso disfruto la responsabilidad de estar a la cabeza de Espacio Público como una posibilidad de hacer el bien, eso es lo que más disfruto, lo que más satisfacción me da, pero eso es una llama que hay que alimentar todos los días”. Luego aclara que cuando las cosas no salen como se espera hay un solo paso: “me levanto y sigo”.

Hay otra cosa que mueve con mayor fuerza la vida de Carlos: su esposa. “Mabel es una extraordinaria mujer. Me veo en sus ojos. Es la que siempre está ahí. Que en el plano íntimo y familiar es una persona de mucha alegría, con la que construyes cosas, con la que compartes cosas. Entonces, es una persona que te da una profunda satisfacción personal. Mabel me conoce, sabe mis deficiencias y no me juzga, eso también es importante. Es una compañera”, se lee en la misma tesis.

Mabel es cubana, lo que hace que Carlos viaje frecuentemente para la isla, en compañía de ella, a ver a toda su familia. Allá se desconecta de todo, se dedica a pasarla bien con sus suegros, sus cuñados, y con los sobrinos que la vida le regaló.

Para Carlos, viajar a Cuba “es una manera de hacer un ejercicio de despojo, de entender cuáles son las cosas que tienes alrededor, que son sustantivas y las que no lo son ¿qué es lo fundamental? A mi juicio es ser feliz y uno tiene a veces cosas externas que lo intoxican y creemos que la felicidad está ahí. El teléfono, la cocina; el que bebe ve la felicidad en una botella de whisky. Yo busco un espacio familiar, ahí me desconecto y es como un reseteo. Estoy convencido que una de las cosas que uno tiene que hacer cada cierto tiempo es desprenderse de lo que tiene alrededor para ver qué es lo sustantivo, qué queda de ti…”, le dijo al autor de la misma tesis.

Se presume que, por ese vínculo que tiene con la isla, le suspendieron la visa estadounidense. Desde 2023, no puede ingresar a territorio de Estados Unidos. Sabemos que esa parte de su agenda, el contacto frecuente con la familia es irremplazable, llueva, truene o relampaguee.

Carlos tiene otra buena característica que para algunos puede ser un defecto: la contención. Como diría una compañera de trabajo en referencia a su oficina: es esa puerta al final, donde uno busca refugio.

Hoy, Carlos está injustamente desaparecido, pero él sabe que estamos siguiendo su mandato y ejemplo. Incluso mientras redactamos este texto, parece que se escuchan sus palabras: sigamos trabajando por la gente, hagamos vínculo, hagamos tejido social.

 

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