Espacio Público

Dan Zambrano cree en la justicia y reparación de daños

Foto: cortesía Dan Zambrano

El 28 de abril de 2017 la vida de Dan Zambrano dio un giro que nunca buscó: tres funcionarios de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim) se presentaron en su casa en Cagua, estado Aragua, para llevárselo. ¿La razón? Publicó un tuit que molestó a Nicolás Maduro Guerra, alias “Nicolasito”, hijo del entonces presidente Nicolás Maduro Moros.

Dan Zambrano era un ferviente tuitero, quien utilizaba esa red social Twitter (ahora X) para expresar su sentir sobre la situación político-social-económica de Venezuela. Expresiones iban y venían de muchos usuarios, pero una carta que escribió el hijo del exfiscal Tarek William Saab hacia Maduro Guerra, se cruzó en el timeline de Zambrano y decidió opinar, hecho que lo mantuvo tras las rejas durante 51 días con torturas y violaciones al debido proceso.

“Yo estaba muy molesto por toda la situación del país en esa época. Tenía unos tres años de casado y sentía que no le daba a mi esposa la vida que merecía, además que tenía otras preocupaciones. Luego viendo Twitter vi la carta y escribí que algún día ellos nos las iban a pagar. Eso fue todo”, dijo Dan en una entrevista a Espacio Público.1

Temía no volver a ver a su familia

“Medio país le escribió, pero con la mala suerte de que Nicolasito leyó mi tuit (según le afirmó el abogado. La Dgcim me buscó en mi casa al final de la tarde, yo acababa de llegar, tenía a mi mamá de visita, cuando de pronto tocaron. Yo abrí la puerta, pero no la reja, me preguntaron mi nombre y me dieron un documento en el que un general solicitó conversar conmigo. Me imaginé lo que vendría”, expresó.

Zambrano contó que uno de los efectivos le ordenó que se cambiara de ropa y avisara a quien quisiera, pero le advirtió que no se irían del lugar sin él. Lo hizo, pero antes de irse con los policías, encendió su computadora y escribió varios tuits responsabilizando a Nicolás Maduro y a su hijo si algo le ocurría. También se despidió de su mamá y le dio las gracias por todo porque creían que no se volverían a ver.

“Si me voy, me voy pleno de los logros que alcancé como hijo y hombre para ti y para la familia”, le dijo a su señora madre y aseguró que ese instante fue terrible porque no sabía si volvería a su casa. Aunque sí volvió, igual el exilio estaba a la vuelta de la esquina.

Lo recibieron a golpes

Dan Zambrano se distingue por ser un venezolano de carácter afable, apacible, pero firme en sus pensamientos. No cree en medias tintas. Cuando habla de su caso hace pausas de tanto en tanto.

Lo llevaron a la sede de la Dgcim en la urbanización Boleíta. Ahí lo despojaron de su cédula, anillo de bodas y lo trasladaron esposado a un “cuarto” pequeño. Luego de un tiempo, quizá una hora, recibió la ‘visita’ de varios militares que lo rodearon y comenzaron a golpear. “¡Terrible! Ese fue el recibimiento”, contó.

Foto: cortesía Dan Zambrano

A esto se le sumó lo que se conoce como la tortura blanca: luz constante, privación del sueño y mucho ruido. También lo llevaron a la oficina de un capitán, quien le dijo que estaba ahí por incitación al odio, traición a la patria y que era un faltón por “ofender” al hijo del Presidente de la República. Además de las acusaciones, lo insultó e increpó a que le dijera quién le pagó por hacer esas publicaciones.

“Ahí comenzó el calvario. Pasaron muchas cosas, muchas torturas”…

Dan hace una pausa larga, suspira… 

Retoma y suelta: “Las torturas más fuertes fueron con electricidad. Me mojaron con bastante agua fría en uno de los sótanos. Me esposaron de pies y manos. Parecía que estaban entrenando a personas para torturar y se les fue de las manos varias veces. ¡Bastante complicado!”. 

-¿Qué pensaste en esos momentos?

“En mi país. En cómo llegó a ese punto. También en mi familia y en cómo terminaría yo. ¿Los perseguirán?”

Mientras ocurrían estas escenas, le dieron la oportunidad de comunicarse con sus familiares, pero siempre bajo la vigilancia de funcionarios y obligado a decir que estaba bien. “No podía expresarme libremente”, agrega. 

Nunca le permitieron la visita de sus familiares. Solo le pudieron hacer llegar algunas mudas de ropa y varios libros. Tampoco pudo contar con una defensa privada, aunque su esposa sí tuvo la asesoría legal de Espacio Público y, en conjunto, metieron Hábeas Corpus e hicieron todas las diligencias para exigir el respeto de los derechos de Dan.

“Maduro Guerra me mandó a meter preso, pero la Dgcim no se esperaba que un civil estuviese allí. Yo no tenía afiliación política con ningún partido. Hablé con un capitán y le dije que no tenía nada que ocultar, pero que si debía disculparme con este muchacho… aunque lo dicho, dicho estaba y que eran ellos los militares quienes podían cambiar la situación, no yo que era un civil”, narra.

Regresó a casa, pero ya no era su lugar seguro

A Zambrano lo presentaron el 16 de junio de 2017 ante el Tribunal 38 de Terrorismo en el Palacio de Justicia, en Caracas, pero un día antes le avisaron que posiblemente saldría en libertad con medidas cautelares. No obstante lo pasaron a la oficina de un General, quien le ordenó que mintiera, que no dijera que estuvo ahí en la Dgcim de Boleíta, entre otras cosas, que era mejor dejar eso así.

También cuenta que se sentía muy débil porque la alimentación que recibía era no solo precaria sino contaminada, además de la privación del sueño y el descuido en su imagen personal.

“Cuando llegamos al Palacio de Justicia y me presentan ante el juez, se presentó el abogado de ‘Nicolasito’ y me dijo que me iría para mi casa, que después solo me tenía que presentar. En efecto, me leyeron los cargos y me dictaron régimen de presentación y prohibición de salida del país.

Los funcionarios que lo trasladaron ya se habían ido. Dan quedó a la deriva luego de que le dictaran las medidas cautelares. Se sentía sin rumbo y empezó a dar vueltas por el centro de Caracas, sin dinero y sin poder avisarle a su familia para que lo fueran a buscar. 

Se tuvo que ir caminando hasta el terminal de pasajeros de La Bandera. Habló con uno de los conductores que viajan hacia Cagua y le dieron permiso para que se pudiera subir a la unidad de transporte. 

Llegó a su casa.

Para sorpresa de su madre y esposa, quienes estaban en la vivienda, vieron entrar a Dan. Cuenta que las dos estaban en shock y luego llegó su suegra, pero luego de toda la emoción y constatar que estaba entero, se descompensó. “Se me vino todo encima. Sentí que el corazón se me detuvo, que me fui y regresé. Esto da para otra historia”, señala.

Adicionalmente, narra que durante un mes estuvo bajo la vigilancia de una patrulla de la Dgcim afuera de su urbanización. Inclusive, al día siguiente de su excarcelación, acudió con su esposa a la oficina de Espacio Público y asegura que los escoltaron desde Cagua hasta Caracas. “Yo sacaba a pasear al perro y al lado tenía la patrulla. A ese nivel”, añade Dan quien nunca volvió a sentir su casa como aquel lugar seguro y que un día de abril se volvió tan vulnerable que ya no le ofrecía garantías de paz y tranquilidad ni a él ni a su familia.

Sale de Venezuela

Cuenta que entre sus planes nunca estuvo irse de Venezuela, pero la situación económica lo estaba empujando para ello. Antes de la detención arbitraria, decidió vender algunos artefactos electrodomésticos para reunir dinero y migrar si él y su esposa tomaban esa decisión, pero la crítica situación económica del país conllevó a que se esfumara esa plata en alimentos.

Finalmente tuvieron que irse del país. Ya no era por el crítico contexto de Venezuela, sino por alcanzar una vida libre, pero con el sacrificio de dejar drásticamente a la familia atrás. Ese exilio forzado fue posible gracias al respaldo de tres organizaciones y una congregación jesuita en la ciudad de Santiago de Chile, quienes les ofrecieron albergue durante un tiempo. 

Foto: cortesía Dan Zambrano

Si bien se estabilizaron, consiguieron empleo y una nueva vida, siguen sin poder regresar a Venezuela. Durante estos nueve años ocurrieron hechos familiares en los que lamentablemente solo pudieron estar por videollamada.

Para Dan, recomponer la vida familiar resultó abrupto, pero no tenía otro camino. “Se trata de seguir apoyando desde la distancia y reforzar ese hilo con la familia. En el camino pasaron cosas, entre esas, la muerte de mi suegro, pero también el fin de mi matrimonio y creo que esta situación fue un detonante”, cuenta.

Sueña con justicia y reparación

Luego de todo este tiempo, Dan considera que no es el mismo hombre que salió de su país aquel octubre de 2017. Considera que le falta mucho por aprender, inclusive, el perdón. “No había razón para que esas personas hicieran lo que hicieron. No existirá jamás una razón para justificar todo lo que Hugo Chávez hizo, Maduro y toda su gente. Hay un gran daño cultural y moral en el país, la devastación es tan grande en términos de sociedad, en términos de familias rotas, que eso no tiene perdón. Solamente el perdón de corazón es lo que te abre las puertas (del cielo) y me falta mucho por aprender, por digerir eso. No podría darle perdón a esta gente”, confiesa, aunque durante su injusto encarcelamiento se aferró a Dios porque era y es su fuerza para seguir adelante.

Dan sueña con que se haga justicia, sin violencia, pero sí justicia para que también haya reparación de daños. “Creo en la reparación, porque en un país tan golpeado en términos económicos, sociales, que retornen los bienes. La primera reparación tiene que ser a la nación y que a su vez la nación les brinde una vida digna a las personas”, culminó.

  1. Dan Zambrano, 20 de agosto de 2026. Comunicación telefónica []
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