Un aficionado a la aviación recluido en el Sebin

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Después de un año y cinco meses detenido en El Helicoide, Pedro Jaimes dice: “perdí la vida. Aquí no estudio, no trabajo, no soy productivo. Aquí tú dejas tus metas, las dejas de cumplir”. El aficionado a la aviación sigue tras las rejas sin un juicio y sin condena por publicar en Twitter la ruta del avión presidencial, información de interés público disponible en Internet. 

La historia de Pedro Jaimes muestra cómo el chavismo le ha truncado las oportunidades varias veces. Explica que no estudió para cumplir su sueño de ser piloto porque era muy costoso, la Escuela Aeronáutica Miguel Ríos era la oportunidad gratuita para civiles, presentó el examen en varias oportunidades “pero nunca lo logré porque era por palanca (…) todo el tiempo era el problema del tráfico de influencias, hacen perderle el tiempo a uno”. 

Más adelante abrió una tienda de artículos e insignias militares en el IPSFA (Instituto de Previsión Social de la Fuerza Armada) de Los Próceres, que tuvo que cerrar en el 2012 por “las condiciones políticas”. Jaimes explica que los directores eran “compañeros de graduación” de militares con cargos en el gobierno “y los gastos operativos para supuestas reparaciones siempre subían”, por lo que se hizo imposible mantener la tienda. Cuenta que la mercancía que le quedaba la guardó en su casa, hasta que los funcionarios del Sebin se llevaron los sacos de ropa durante el allanamiento.

Ahora está detenido, con una costilla fracturada producto de golpes de funcionarios del Sebin mientras lo mantuvieron desaparecido, no tiene acceso frecuente a la luz solar, no tiene atención médica adecuada para los ataques de asma y enfermedades de la piel originados por su reclusión en un espacio con moho, mínimo higiene, sin agua potable, y sin ventilación. Todo esto ha afectado considerablemente su estabilidad psicológica, con traumas que el Gobierno está obligado a reparar según la última opinión del Grupo de Trabajo de Detenciones Arbitrarias de la ONU.

Jaimes está acusado de espionaje informático, interferencia en la operatividad de la aeronáutica civil y de revelación de secretos políticos, tres delitos que no están sustentados en pruebas ni en hechos: “yo soy un aficionado de la aeronáutica y de la meteorología” afirma repetidamente. La antena y el radio incautados por el Sebin no sirven para enviar información o interferir en las comunicaciones, las encontraron en su vivienda durante el allanamiento como supuestas pruebas de los delitos y tienen “más de 25 años, todos los equipos son de Radio Shack, que quedaba en el Centro Comercial La Cascada, son de radioaficionado y cualquiera puede tenerlos (…) la antena es unidireccional, sólo recibe señales, es como la antena de tu TV”.

Concord de Air France en Maiquetía, 1976. Fuente

De aficionado a recluso

La Aviación es un gusto que corre en su familia, su papá era General de la Guardia Nacional Bolivariana, y uno de sus primos mayores estudiaba aviación; por esos nexos y por su curiosidad recuerda que su interés surgió a edad temprana: “desde los ocho años me llevaban a Maiquetía, afuera había una terraza desde donde se veían las aeronaves. Mi papá y mi Mamá bajaban conmigo a La Guaira los sábados temprano y no era para la playa. Ellos se quedaban tomando un café y yo pendiente de las aeronaves”.

A Pedro Jaimes se le ilumina el rostro cuando habla de aviación, acelera las palabras y sube las cejas emocionado mientras cuenta “yo desde ahí llegué a ver el Concord de Air France, el Coloso de Viasa, un DC8, que ya están fuera de servicio. Todos los KLM que venían de Europa, los 747… A las seis de la tarde era un rollo con mis papás porque yo no me quería devolver a Caracas, y de noche se paraban en el mirador para que viera las luces”. Recuerda y se ríe: “en vez de llevarme a un parque de distracción, me llevaban para allá”.

Años más tarde iba a Maracaibo de vacaciones, donde vivía uno de sus primos: “tenía réplicas de aeronaves en la estantería. En esa época ya se escuchaba la radio transmisión y subía con él a la torre de control, él conocía a mucha gente”. El primo de Jaimes estudiaba en la Escuela Técnica de Aviación y tenía acceso al aero club, a dónde llevaba a Pedro, quien cuenta: “ahí empecé a ver de cerca las aeronaves, me las mostraban, me podía subir”. A los 13 años ya sabía que quería ser piloto.

Estudió internado en el Liceo Militar Libertador, Pedro cuenta con alegría “no me perdí una exposición aérea en la Base Aérea Francisco de Miranda (La Carlota), y me invitaban a Barquisimeto a exposiciones de aeronaves militares”. Durante su primer año de bachillerato hizo el curso obligatorio de meteorología y de paracaidismo, y estaba “todo el día metido en cuestiones de aviación. Sobre su cuenta de Twitter Aereo-Meteo explica que la meteorogía y la aeronaútica “no se pueden separar. Piloto que no sepa de meteorología no es piloto”.

Al graduarse de bachiller hizo diversos cursos de aeronáutica, pero no terminó porque “era muy costoso” y necesitaba contactos para que le dieran un cupo en la escuela civil gratuita, como se narró anteriormente, la corrupción le negó la posibilidad de ser piloto. El gusto hacia el periodismo lo heredó de su papá, y con esa vena informativa trasladó su afición a Twitter, donde desde el 2013 publicaba información sobre el clima y la aeronáutica: “me escribían porque pensaban que yo era piloto, muchas veces me reclamaban a las 11 de la mañana que no había dicho nada sobre el clima”.

También afirma que recibió insultos de funcionarios del gobierno: “Lina Ron me insultó muchísimo cuando estaba viva, me decía groserías pero yo nunca la irrespeté, yo nunca he sido un hombre grosero. La bloqueé y listo”. En efecto, las vulgaridades comunes en la conversación venezolana no salen nunca de su boca, es respetuoso, educado y formal, sentándose tan derecho como le permite la costilla que le fracturaron.

Como no pudo ser piloto, se dedicó al comercio, después de verse obligado a cerrar la tienda en el IPSFA seguía vendiendo en Mercado Libre, donde figura como vendedor destacado por sus calificaciones positivas desde hace 13 años. Combinaba esa actividad comercial con las publicaciones en Twitter, hasta que un grupo de funcionarios lo siguió desde su casa, lo detuvo, y lo llevó a El Helicoide sin una orden de captura.

En El Helicoide

Jaimes compraba electrodomésticos a crédito y los vendía para sostener a su familia, ahora vive en su uniforme amarillo o naranja de El Helicoide. Como no hay agua corriente, cuando puede colabora para pagar una cisterna entre todos los detenidos y sus compañeros le ayudan a cargar tobos con agua hasta su celda porque la fractura de la costilla mal curada no le permite levantar peso.

Tiene la piel amarillenta porque no le permiten recibir luz solar con frecuencia: a la fecha, tiene cuatro semanas sin salir al sol, desde el nueve de septiembre. La necesidad de vitamina D difícilmente se satisface a partir de la alimentación, se obtiene mayoritariamente de la luz solar y su carencia en el organismo aumenta la posibilidad de sufrir enfermedades crónicas en los huesos, cardiovasculares, diabetes, está relacionada con la esclerosis múltiple y con el cáncer de próstata.

Ahora sufre de asma, varias veces a la semana tiene ataques por las precarias condiciones de reclusión. Su celda no tiene ventilación, el moho, los insectos y la falta general de higiene en las instalaciones empeoran el estado de salud porque suman problemas de la piel como herpes y abscesos. El 26 de septiembre despertó sin poder escuchar por el oído izquierdo, condición que se mantiene a la fecha (10 de octubre) sin haber sido revisado por un médico.

El Estado ha ignorado la presión ejercida por organizaciones nacionales e internacionales, y por organismos de defensa como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el Grupo de Trabajo de Detenciones Arbitrarias de la Organización de Naciones Unidas, y de expertos en derechos humanos. La exigencia es clara: el Estado debe liberar a Jaimes y reparar los daños, además de garantizar su salud y el acceso a la justicia.

El único informe médico que tiene Espacio Público como defensa de Pedro Jaimes es el del 10 de mayo de 2018, posiblemente de fecha forjada pues allí le diagnostican una “neuritis intercostal en el lado derecho”1 que Jaimes explica como producto de golpes en el Sebin. La segunda revisión médica fue el 08 de junio de 2018, un chequeo médico general que se limita a recetar los medicamentos, más no los suministra, lo que transfiere la responsabilidad a la familia de Jaimes, cuyos ingresos se limitan a los fijados por el Gobierno para pensionados.

En la tercera revisión del 27 de julio una comisión del CICPC le aconsejó realizarse una radiografía debido a la condición de su costilla, que, fracturada a golpes durante su desaparición, selló superponiendo el hueso por la falta de atención médica. Después de julio de 2018 tuvo tres chequeos médicos que no tienen un diagnóstico concreto y se limitan a recetar medicamentos. 

Tiene afectaciones psicológicas después de las torturas y la vida en reclusión, le cuesta hablar de sus emociones y contar lo que vivió los días que lo mantuvieron desaparecido y recuerda sus pérdidas: no vió a su único sobrino graduarse de la universidad y afirma: “no es lo que ellos me han hecho ser, sino mis sentimientos, me han llenado de ira, de resentimiento contra el gobierno por su mala actuación, por su mala actitud”.

 

La próxima audiencia de juicio está pautada para el miércoles 2 de octubre, sería la décimo primera ocasión que se espera que Pedro Jaimes sea trasladado por el Sebin al Tribunal, en Los Teques, para que se realice el acto legal, en el que la Juez Jaqueline Marín de Soto otorgaría la libertad plena a Pedro Jaimes en queso de respetar las leyes nacionales e internacionales.

Referencias   [ + ]

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