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Los rostros tras la censura: David Maris

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El fotógrafo David Maris ha contado tantas veces lo que le sucedió que todavía lo tiene claro en su memoria y de forma cronológica. Sin mayor esfuerzo comienza a explicar cómo pasó de ser en víctima de autoridades militares a víctima del Estado en su conjunto, porque dice que “en el país no hay independencia de poderes como en toda república democrática”.

Maris fue arrestado a las afueras de la cárcel militar de Ramo Verde mientras fotografiaba a Lilian Tintori, esposa del dirigente político Leopoldo López, en medio de una entrevista para el diario ABC de España. Estuvo detenido por 3 horas y fue obligado a partir del lugar sin sus equipos, a cambio, le entregaron un acta donde consta que el procedimiento de “decomiso” es parte de una investigación. En ese documento se enumeran los equipos retenidos y se asegura que serán devueltos.

Cuando el fotógrafo volvió a ese lugar ya no había responsables. El coronel Humberto José Calles González, quien consta en el acta como el responsable de los equipos, dijo que ya no estaban en su poder, que no podía responder por ellos y lo mandó a acudir a otras instancias.

Acompañado por el abogado de Espacio Público acudió a la Fiscalía, donde se introdujo una denuncia por robo. “Eso se engavetó, no se le asignó ningún fiscal y pasó de un piso a otro sin que ningún funcionario tomara el caso. Simplemente quedó así. No tuve manera como víctima de una agresión del Estado, que fue el robo de mis equipos,  de tener respuesta del mismo Estado en otra institución que me defendiera”, cuenta Maris.

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“Mi denuncia, simplemente, no se atendió”, cuenta el fotoperiodista. Ya la directiva de la Cárcel Militar de Ramo Verde no es la misma, ahora menos se sabe dónde están los equipos. “Me quedé sin oportunidades de trabajo como fotoperiodista independiente, porque perdí mis propias herramientas”, lamenta Maris. Recuerda que ese equipo lo compró con su esfuerzo y dice que hoy por hoy ya tiene que estar dañado por no haber recibido los cuidados adecuados que él le daba, como empacarlo al vacío cuando no estaba en uso.

Maris resume las etapas de su caso con facilidad: “En principio creí que sí, que eran honestos al retener mis equipos por seguridad, fui muy optimista. Pero luego me empecé a dar cuenta que era un asunto de abuso contra mis derechos humanos, de ser independiente, de trabajar y ejercer mi profesión, fui víctima, y como tal comencé a sentirme. Pero no solo de un funcionario por su abuso, sino de un Estado que no se maneja democráticamente. Soy, en esencia, una víctima del Poder del Estado”.

Ya no espera que le devuelvan su equipo, tampoco le parece justo que el Estado lo indemnice “porque es responsabilidad de un funcionario y lo justo es que ese funcionario pague por el delito que cometió, que es el robo”.

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No hubo justicia en Venezuela

La solidaridad automática que se desató con el caso de David Maris hizo que la ONG inglesa Rory Peck Trust, que protege a los reporteros independientes en zonas de conflictos, apoyara al fotógrafo transcurrido un año de la violación. Nunca les había tocado apoyar en Venezuela, aunque ya el país era un punto de atención por el robo de la cámara de la corresponsal italiana Francesca Commissari durante las protestas de febrero.

La ayuda de esta organización no es, ni debe ser entendido como sinónimo de justicia. Este caso sigue siendo una materia pendiente para el Estado venezolano. Pero sí es un logro representativo y es indicador de que más allá de las fronteras venezolanas no son indolentes con la situación de la libertad de expresión del país.

Fuente:

Entrevista realizada por Espacio Público a David Maris el 05/03/2015

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